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CANDELABRO del viento, silencioso ermitaño, tus agujas de antaño enceguecen al tiempo, Entre el ¡ay! De los cerros es tu verde un engaño; lo mantiene en su daño el furor de los muertos. Barbas tiesas de tedio, las del liquen huraño, te revisten de paño de sandalias de espectro, ¡ Quisco heroico y reseco, increíble peldaño de la escala del año sostenida en un hueso!
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